Es una historia muy trágica y difícil de contar, niños que vivieron el peor día de su vida – 22 personas vivieron el último, desafortunadamente- padres desesperados por cuidar a sus hijos y una cantante que tuiteó sentirse “rota y sin palabras”

Ese es el resumen de un atentado en suelo británico al finalizar el concierto de Ariana Grande en el Manchester Arena.

La consternación se reflejó en las redes sociales y en noticieros de todo el mundo – fenómeno que se debería de presentar en todas las catástrofes mundiales, no solo de países en específico- pero ¿Qué fue lo que nos paralizó? En lo personal puedo decir que la muerte de los niños. Niños y adolescentes que iban con el único propósito de corear las canciones de su cantante favorita, niños que tal vez habían rogado por semanas a sus padres por un adelanto de su mesada o por un día “padre e hijo” en este recinto, herman@s mayores que solo iban a cuidar a sus hermanos, madres que se dieron tiempo en sus agendas para cumplir una petición de sus hijos, al fin ¿Qué es lo peor que puede pasar? Solo pensaría en una avalancha humana como factor de riesgo, nunca en una bomba, hay demasiada seguridad en este tipo de lugares, eso nunca pasaría, al menos eso yo hubiera apostado.

Pero pasó, un hombre se inmoló con un artefacto explosivo casero, ¿Cuál era su objetivo? Aún se desconoce, solo se conoce la desgracia y las lágrimas de todos los asistentes y del mundo.

Con todo lo sucedido creí que la gira “Dangerous Woman” de Ariana iba a ser cancelada, no solo por el respeto a las víctimas sino por cuestiones de seguridad de los asistentes, si una vez ocurrió ¿No podía repetirse? Si yo tuviera hij@s ni en sueños llevaría a mis hijos a un concierto con antecedentes de bombas y heridos, pero bueno, no todos piensan así.

Bajo el nombre de “One love Manchester” se llevó un concierto que reunió una variedad de cantantes: Ariana Grande, Miley Cyrus, Robbie Williams, Katy Perry, Pharrell Williams, The Black Eyed Peas entre otros. Los boletos fueron sold out en menos de 20 minutos. En una balanza costo-beneficio ¿valdría la pena exponer nuestra integridad o la de nuestra familia por ver a nuestros cantantes favoritos? Para mí, sin pensarlo dos veces: No, preferiría que mis hijos me odiaran por no cumplirles su gusto que exponerlos a tener una familia incompleta.

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A lo que quiero llegar con esta reflexión es a una respuesta completa e irrefutable a la pregunta ¿Qué tanto damos por ver a un cantante? Ya no solo monetariamente, sino poner en riesgo la vida y la de nuestros seres queridos considero que es el precio más alto por algo que la mercadotecnia nos ha vendido muy bien, nos ha vendido canciones que coinciden con nuestros sentimientos, ritmos que hacen que movamos nuestros pies y personalidades que hemos encasillado como “ídolos”. Considero que en este caso solo se pudo hacer algo: Ahorrar; ahorrar penas y no exponernos a una tragedia más, ahorrar lágrimas de nuestros seres queridos y lo más importante que es ahorrar una experiencia de esta índole que ni al cerrar los ojos se olvida.

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Cuidemos a nuestra familia

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Nos vemos en la próxima entrega con opiniones no tan agridulces. Lo prometo.

Grecia Córdova